西语阅读:《一千零一夜》连载四(20)

网络资源 Freekaoyan.com/2008-04-17

Dicho esto, ¡oh señora mía! el capitán continuó derramando abun­dantes lágrimas, y juzgamos segura e irremediable nuestra pérdida, des­pidiéndose cada cual de sus amigos.

Y así fue; porque apenas amane­ció, nos vimos próximos a la mon­taña de rocas negras imantadas y las aguas nos empujaban violenta­mente hacia ella, Y cuando las diez naves llegaron al pie de la montaña, los clavos se desprendieron de pronto y comenzaron a volar por millares, lo mismo que todos los hierros, y todos fueron a adherirse a la montaña. Y nuestros barcos se abrieron, siendo precipitados al mar todos nosotros.

Pasamos el día entero a merced de las olas, ahogándose la mayoría y salvándonos otros, sin que los que no perecimos pudiéramos volver a encontrarnos, pues las corrientes terribles y los vientos contrarios nos dispersaron por todas partes.

Y Alah el Altísimo; ¡oh señora, mía! me quiso salvar para reservar­me nuevas penas, grandes padeci­mientos y enormes desventuras. Pude agarrarme a uno de los tablones que sobrenadaban, y las olas y el viento me arrojaron a la costa, al pie de la Montaña del Imán.

Allí encontré un camino que subía hasta la cumbre, y estaba hecho de escalones tallados en la roca. En seguida invoqué el nombre de Alah el Altísimo, y...

En este momento de su narración, Schahrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO GUANDO LLEGÓ LA 15a. NOCHE

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­tunado! que el tercer saaluk, mien­tras permanecían sentados y cruzados de brazos los demás, vigilados por los siete negros, que tenían en la mano el alfanje desnudo, prosiguió diri­giéndose a la dueña de la casa:

Invoqué, pues, el nombre de Alah, le imploré, y me absorbí en el éxta­sis de la plegaria. Y cuando el viento cambió, por orden del Altísimo, logré subir a lo más alto de la montaña, agarrándome como pude a las rocas y excavaciones: Y mi alegría por hallarme en salvo llegó hasta el lími­te de la alegría. Ya sólo me faltaba llegar a la cúpula; lo conseguí al fin, y pude penetrar en ella. Enton­ces me puse de rodillas y di gracias a Alah por haberme salvado.

Pero estaba tan rendido, que me eché en el suelo y me dormí. Y durante mi sueño oí que una voz me decía: “¡Oh hijo de Kassib! cuando te despiertes cava a tus pies, y encontrarás un arco de cobre y tres flechas de plomo, en las cuales hay grabados talismanes. Coge el arco y dispara contra el jinete que está en la cúpula, y así podrás devol­ver la tranquilidad a los humanos, librándoles de tan terrible plaga. Cuando hieras al jinete, este jinete caerá al mar y el arco se escapará de tus manos al suelo. Le cogerás entonces y lo enterrarás en el mismo sitio en que haya caído. Y mientras tanto, el mar empezará a hervir, creciendo hasta llegar a la cumbre en que te encuentras. Y verás en el mar una barca, y en la barca, a una persona distinta del jinete arrojado al abismo. Esa persona se te acercará con un remo en la mano. Puedes entrar sin temor en la barca. Pero guárdate bien de pronunciar el santo nombre de Alah, y no olvides esto por nada del mundo. Una vez en la barca, te guiará ese hombre, hacién­dote navegar por espacio de diez días, hasta que llegues al Mar de Salva­ción. Y cuando llegues a este mar encontrarás a alguien que ha de llevarte a tu tierra. Pero no olvides que para que todo eso ocurra no debes pronunciar nunca el nombre de Alah.”

Entonces, ¡oh señora mía! desperté y me dispuse animoso a ejecutar las órdenes de aquella voz. Con el arco y las flechas encontradas disparé contra el jinete, lo derribé, y lo vi hundirse en el mar. El arco se me escapó de la mano, y lo enterre en el mismo sitio en que había caído. En seguida el mar se agitó, hirvió y se desbordó, llegando hasta la cumbre en que yo me hallaba. Y a los pocos instantes vi en medio del mar una barca que se dirigía hacia la costa. Entonces di gracias a Alah el Altísimo. Y al aproximar­se la barca advertí en ella a un hombre de bronce que llevaba en el pecho una chapa de plomo con nom­bres y talismanes grabados. Y cuando la barca llegó, entré en ella, pero sin decir palabra. Y el hombre de bronce me condujo durante un día, durante dos, durante tres, y así suce­sivamente, hasta diez días. Entonces vi unas islas a lo lejos. ¡Aquello era la salvación! Y me alegré hasta el límite de la alegría; pero tanta era la plenitud de mi emoción y de mi gratitud hacia el Altísimo, que pronuncié el nombre de Alah y lo glorifiqué, exclamando: “¡Alahu akbar! ¡Alahu akbar!”

Pero apenas dije tan sagradas pala­bras, el hombre de bronce se apoderó de mí, me arrojó al mar, y hundién­dose a lo lejos, desapareció.

Estuve nadando hasta el anoche­cer, en que mis brazos, quedaron extenuados y rendido todo mi cuer­po. Entonces, viendo aproximarse la muerte, dije la schehada, mi, profesión de fe, y me dispuse a morir. Pero en aquél momento una ola más enorme que las otras vino desde la lejanía como una torre gigantesca y me despidió con tal empuje, que me encontré junto a unas islas que había divisado en lontananza. ¡Así lo quiso Alah!

Entonces trepé a la orilla, retorcí mi ropa, tendiéndola en el suelo para que se secase, y me eché a dormir, sin despertar hasta por la mañana. Me puse mis vestidos secos, me levanté buscando donde ir, y me in­terné en un pequeño valle fértil, recorriéndolo en todas direcciones, y así di una vuelta entera al lugar en que me encontraba, viendo que me rodeaba el mar por todas partes. Y me dije: “¡Qué fatalidad la mía! ¡Siempre que me libro de una des­gracia caigo en otra peor!”


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    本站小编 Free壹佰分学习网 2022-09-19