西语阅读:《一千零一夜》连载四(19)

网络资源 Freekaoyan.com/2008-04-17

¡Al que diga que hay delicias en este mundo, contestadle que pronto conoce­rá días más amargos que el jugo de la mirra!

Entonces salí de la ciudad aquella, viaje por varios países, atravesé sus capitales, y luego me dirigí a Bag­dad, la Morada de Paz, donde espero llegar a ver al Emir de los Creyentes para contarle cuanto me ha ocurrido.

Después de muchos días de viaje, he llegado esta misma noche a Bag­dad, y encontré muy perplejo al hermano que está ahí, al primer saaluk, y le dije: “¡La paz sea con­tigo!” Y él me contestó: “¡Y contigo la paz, y la misericordia de Alah, y todas sus bendiciones!”

Entonces empecé a charlar con él, y se nos acercó el otro hermano, el tercer saaluk, quien después de desearnos la paz, nos dijo que era extranjero. Y nosotros le dijimos: “También somos extranjeros, y he­mos llegado hoy a esta ciudad ben­dita.” Y echamos a andar juntos, sin que ninguno supiera la historia de sus compañeros. Y la suerte y el Des­tino nos guiaron hasta esta puerta, y entramos en vuestra casa.

He aquí, ¡oh mi señora! los moti­vos de que me veas tuerto y con la barba afeitada.”

Entonces la dueña de la casa dijo al segundo saaluk: “Tu historia es realmente extraordinaria. Ahora alí­sate un poco el pelo sobre la cabeza y ve a buscar tu destino por la ruta de Alah.”

Pero él respondió: “En verdad que no saldré de aquí sin haber oído el relato de mi tercer compañero.”

Entonces el tercer saaluk dio un paso y dijo:

HISTORIA DEL TERCER SAALUK

¡Oh gloriosa señora! no creas que mi historia encierra menos maravi­llas que las de mis dos compañeros!

Porque mi historia es infinitamente más asombrosa aún.

Si sobre estos dos compañeros míos pesaron las desgracias, motiva­das por el Destino y la fatalidad, otra cosa fue respecto a mí. Sí estoy afeitado y tuerto, yo tengo la culpa, pues me atraje la fatalidad y llené mi corazón de penas y zozobras. ¡Helo aquí! Soy rey, hijo de rey: Mi padre se llamaba Kassib y yo era su hijo. Cuando murió el rey, mi padre, heredé su reino, y reiné y goberné con justicia, haciendo mu­cho bien entre mis súbditos.

Pero tenía gran afición a los viajes por mar. Y no me privaba de ellos, porque la capital de mi reino estaba junto al mar, y en una gran exten­sión marítima pertenecíanme nume­rosas islas fortificadas. Una vez quise ir a visitarlas todas, y, mandé pre­parar diez naves grandes; y llenarlas de provisiones para un mes, dándome a la vela. Esta visita duró veinte días, al cabo de los cuales, una noche se desencadenó contra nos­otros un viento contrario, que se prolongó hasta la aurora. Entonces, calmado un poco el viento y suavi­zado el mar, al salir el sol vimos una isla, en la que podíamos dete­nernos. Fuimos a tierra, hicimos algo de comer, y descansamos dos días en espera de que la tempestad termi­nara, y luego zarpamos. El viaje duró otros veinte días, hasta que en uno de tantos perdimos la derrota, pues las aguas en que navegábamos eran tan desconocidas para nosotros como para el capitán. Porque el capitán, realmente, no conocía este mar. Entonces le dijimos al vigía: “Mira con atención el mar.”' Y el vigía subió al palo, descendió des­pués y nos dijo al capitán y a mí: “A la derecha he visto peces en la superficie del agua, y muy lejos, en medio de las olas, una cosa que unas veces parecía blanca y otras negra.”

Al oír. estas palabras del vigía, el capitán sufrió un cambio muy notable en su color, tiró él turbante al suelo, se mesó la barba, y nos dijo: “¡Os anuncio nuestra total per­dida! ¡No ha de salvarse ni uno!” Luego se echó a llorar, y con él lloramos todos. Yo le pregunté enton­ces: ¡Oh capitán! ¿Quieres expli­carnos las palabras del vigía?” Y contestó: “¡Oh mi señor! Sabe que desde el día que sopló el aire contra­rio, perdimos la derrota, y hace de ello once días, sin que haya un viento favorable que nos permita volver al buen camino. Sabe, pues, el signifi­cado de esa cosa negra y blanca y de esos peces que sobrenadan cerca de nosotros: mañana llegaremos a una montaña de rocas negras que se llama la Montaña del Imán, y hacia ella han de llevamos a la fuer­za las aguas. Y nuestra nave se des­pedazará, porque volarán todos sus clavos, atraídos por la montaña v adhiriéndose a sus laderas, pues Alah el Altísimo dotó a la Mentaña del Imán de una secreta virtud que la permite atraer todos los objetos de hierro. Y no puedes imaginarte la enorme cantidad de cosas de hierro que se han acumulado y colgado de dicha montaña desde que atrae a los navíos. ¡Sólo Alah sabe su número! Desde el mar se ve relucir en la cima de esa montaña una cúpula de cobre amarillo sostenida por diez columnas y encima hay un jinete en un caballo de bronce, y el jinete tiene en la mano una lanza de cobre, y le pende del pecho una chapa de plomo grabada con palabras talis­mánicas desconocidas; Sabe, ¡oh rey! que mientras el jinete permanezca sobre su caballo, quedarán destroza­dos todos los barcos que naveguen en torno suyo, y todos los pasaje­ros se perderán sin remedio, y todos los hierros de las naves se irán a pegar a la montaña. ¡No habrá sal­vación posible mientras no se preci­pite el jinete al mar!


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