西语阅读:《一千零一夜》连载十一(4)

网络资源 Freekaoyan.com/2008-04-17

Y mientras tanto, el carpintero seguía preparando allí mismo el pos­te del suplicio, y de cuando en cuan­do dirigía miradas a Hassán, como queriéndole decir: “¡Por Alah, que has de estar muy a tu gusto!”

Pero a todo esto se hizo de noche. Y se apoderaron de Hassán y nueva­mente lo encerraron en el cajón. Y su tío le dijo: “¡Mañana te crucifi­caremos!” Después aguardó a que Hassán se hubiese dormido dentro de su cárcel. Entonces dispuso que cargasen la caja en un camello y dio la orden de partir, no detenién­dose hasta llegar al palacio.

Y fue entonces cuando quiso reve­lárselo todo a su hija y a su cuñada. Y dijo a su hija Sett El-Hosn: “¡Loado sea Alah, que nos ha per­mitido encontrar a tu primo Hassán Badreddin! ¡Ahí le tienes! ¡Marcha, hija mía, y sé feliz! Y procura colo­car los muebles, los tapices y todo lo de la casa y de la cámara nupcial exactamente lo mismo que estaban la noche de tus bodas.” Y Sett El­-Hosn, casi en el límite de la emoción, dio al momento las órdenes necesa­rias, y sus siervas se levantaron en seguida, y pusieron manos a la obra, encendiendo los candelabros. Y el visir les dijo: “Voy a auxiliar vuestra memoria.” Y abrió un armario, y sacó el papel con la lista de los mue­bles y de todos los objetos, con la indicación de los sitios que ocupa­ban. Y fue leyendo muy detenida­mente está lista, cuidando que cada cosa se pusiera en su lugar. Y tan a maravilla se hizo todo, que el observador más inteligente se habría creído aún en la noche de la boda de Sett El-Hosn con el jorobado.

En seguida el visir colocó con sus propias manos las ropas de Hassán donde éste las dejó: el turbante en la silla, el calzoncííllo en el lecho, los calzones y el ropón en el diván, con la bolsa de los mil dinares y el contrato del judío, volviendo a coser en el turbante el pedazo de hule con los papeles que contenía.

Después recomendó a Sett El-­Hosn que se vistiese como la prime­ra noche, disponiéndose a recibir a su primo y esposa Hassán Badreddin, y que cuando éste entrase, le dijera: “¡Oh, cuánto tiempo has estado en el retrete! ¡Por Alah! Si estás indis­puesto, ¿por qué no lo dices? escaso no soy tu esclava?” Y le recomendó también, aunque en realidad Sett El-­Hosn no necesitaba esta advertencia, que se mostrase muy cariñosa con su primo y le hiciese pasar la noche lo más agradablemente posible.

Y luego el visir apuntó la fecha de este día bendito. Y fue ál aposento donde estaba Hassán encerrado en el cajón. Lo mandó sacar nventras dormía, le desató las piernas, lo des­nudo y no le dejó más que una cami­sa fina y un gorro en la cabeza, lo mismo que la noche de la boda. Y después se escabulló, abriendo las puertas que conducían a la cámara nupcial, para que Hassán se desper­tase solo.

Y Hassán no tardó en despertarse, y atónito al verse casi desnudo en aquel corredor tan maravillosamente alumbrado, y que no se le hacía desconocido, dijo: “¡Por Alah! ¿es­taré despierto o soñando?”

Pasados los primeros instantes de sorpresa, se arriesgó a levantarse y mirar a través de una de las puertas que se abrían en el pasillo. Y al momento perdió la respiración. Aca­baba de reconocer la sala donde se había celebrado la fiesta en honor suyo y con tal detrimento para el jorobado. Y al mirar por la puerta que conducía a la cámara nupcial, vio su turbante encima de una silla y en el diván su ropón y sus calzo­nes. Entonces, llena de sudor la frente, se dijo: “¿Estaré despierto? ¿Estaré soñando? ¿Estaré loco?” Y quiso avanzar, pero adelantaba un paso y retrocedía otro, limpiándose a cada momento la frente, bañada de un sudor frío. Y al fin exclamó: “¡Por Alah! No es posible dudarlo. ¡Esto es un sueño! Pero ¿no estaba yo amarrado y metido en un cajón? ¡No; esto no es un sueño!” Y así llegó hasta la entrada de la cámara nupcial, y cautelosamente avanzó la cabeza.

Y he aquí que Sett El-Hosn, ten­dida en el lecho, en toda su hermo­sura, levantó gentilmente una de las puntas del mosquitero de seda azul y dijo: “¡Oh dueño querido! ¡Cuán­to tiempo has estado en el retrete! Ven en seguida!”

Y entonces el pobre Hassán se echó a reír a carcajadas, como un tragador de haschich o un fumador de opio, y gritaba: “¡Oh, qué sueño tan asombroso! ¡Qué sueño tan em­brollado!” Y avanzó con infinitas precauciones, como si pisara serpien­tes, agarrando con una mano el fal­dón de la camisa y tentando en el aire con la otra, como un ciego o como un borracho.

Después, sin poder resistir la emo­ción, se sentó en la alfombra y em­pezó a reflexionar profundamente. Y es el caso que veía allí mismo, delante de él, sus calzones tal como eran, abombados y con sus pliegues bien hechos, su turbante de Bassra, su ropón, y colgando, los cordones de la bolsa.

Y nuevamente le habló Sett El­-Hosn desde el interior del lecho y le dijo: “¿Qué haces, mi querido? ¡Te veo perplejo y tembloroso! ¡Ah! ¡No estabas así al principio!” Entonces, Badreddin, sin levantar­se y apretándose la frente con las manos, empezó a abrir y a cerrar la boca, con una risa de loco, y al fin pudo decir: “¿Qué principio? ¿Y de qué noche? ¡Por Alah! ¡Sí hace años y años que me ausenté!”

Entonces Sett El-Hosn le dijo: “¡Oh querido mío! ¡Tranquilízate! ¡Por el nombre de Alah sobre ti y en torno de ti! ¡Traquilízate! Hablo de esta noche que acabas de pasar en mis brazos. Saliste un instante y has tardado cerca de una hora. Pero ya veo que no te encuentras bien: ¡Ven, ojos míos, a que te de calor; ven, alma mía!


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    本站小编 Free壹佰分学习网 2022-09-19