西语阅读:《一千零一夜》连载十一(5)

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Pero Badreddin siguió riendo co­mo un loco, y dijo: “¡Puede que digas la verdad! ¡Es posible qué me haya dormido en el retrete y que ha­ya soñado!” Después añadió: “¡Pero qué sueño tan desagradable! Figúra­te que he soñado que era algo así como cocinero o pastelero en la ciu­dad de Damasco, en Siria, muy lejos de áquí, y que vivía diez años en ese oficio. He soñado también con un muchacho, seguramente hijo de noble, al que acompañaba un eunuco. Y me ocurrió con él tal aventura. ..” Y el pobre Hassán, notando que el sudor le bañaba la frente, fue a en­jugarla, pero entonces tentó la hue­lla de la piedra que le había herido, y dio un salto y dijo: “¡Por Alah! ¡Esta es la cicatriz de la pedrada que me tiró aquel muchacho!” Des­pués reflexionó un instante, y añadió: “¡Es efectivamente un sueño! Este golpe es posible que me lo hayas dado tú hace un momento.” Y luego dijo: “Sigo contándote mi sueño. Llegué a Damasco, pero no sé como. Era una mañana, y yo iba como ahora me ves, en camisa y con un gorro blanco: el gorro del jorobado: Y los habitantes no sé qué querían hacer conmigo. Heredé la tienda de un pastelero, un viejecillo muy ama­ble. ¡Pero claro, esto no ha sido un sueño! Porque he preparado un pla­to de granada que no tenía bastante aroma.... ¿Y después?... ¿Pero he soñado todo esto o ha sido realidad?...”

Entonces Sett El-Hosn exclamó: ¡Querido mío, realmente has soñado cosas muy extrañas! ¡Por favor, pro­sigue hasta el final!”

Y Hassán Badreddin, interrum­piéndose de cuando en cuando para lanzar exclamaciones, refirió a Sett El Hosn- toda la historia, real o soñada, desde el principio hasta el fin. Y luego añadió: “¡Cuando píen­so que por poco me crucifican! ¡Y me hubiesen crucificado si no se disi­pa oportunamente el sueño! ¡Por Alah! ¡Todavía sudo al acordarme del cajón!”

Y Sett El-Hosn le preguntó: “¿Y por qué te querían crucificar?” Y él contestó: “Por haber aromatizado poco el dulce de granada. ¡Oh! Me esperaba la terrible picota con un carretón arrastrado por dos búfalos del Nilo. Pero gracias a Alah, todo ha sido un sueño... Y a fe que la pérdida de mi pastelería, destruida por completo, me dio mucha pena.”

Entonces, Sett El-Hosn, que ya no podía más, saltó de la cama, se echó en brazos de Hassán Badreddin; y estrechándole contra su pecho empe­zó a besarle: Pero él no se mo­vía: Y de pronto dijo: “¡No, no! ¡Esto no es un sueño! ¡Por Alah! ¿dónde estoy?¿dónde está la ver­dad?”

Y el pobre Hassán, llevado suave­mente al lecho en brazos de Sett El-Hosn, se tendió extenuado y cayó en un sueño profundo, velado por su esposa, que de cuando en cuando le oía murmurar: “¡Es la realidad! ¡No! ¡Es un sueño!”

Con la mañana volvió la calma al espíritu de Hassán Badreddin, que al despertarse se encontró en brazos de Sett El-Hosn, viendo al pie del lecho a su tío el visir Chamseddim, que en seguida le deseó la paz. Y Badreddin le dijo: ¡Por Alah! ¿No has sido tú quien mandó que me atasen los brazos y has dispuesto la destrucción de mi tienda? ¡Y todo ello por estar poco aromatizado el dulce de granada!”

Entonces, el visir Chamseddin, co­mo ya no había razón para callar, le dijo:

¡Oh hijo mío! Sabe que eres Hassán Badreddin, hijo de mi difun­to hermano Nureddin, visir de Bass­ra. Y si te he hecho sufrir tales tratos ha sido para tener una nueva prueba con qué identificarte y saber que eras tú, y no otro, el que entró en la casa de mi hija la noche de la boda. Y esa prueba la he tenido al ver que conocías (pues yo estaba escondido detrás de ti) la casa y los muebles, y después tu turbante, tus calzones y tu bolsillo, y sobre todo, la etiqueta de esta bolsa y el pliego sellado del turbante, que contiene las instrucciones de tu padre Nureddin. Dispénsame, pues, hijo mío; porque no tenía otro medio de cono­certe, ya que no te hube visto nunca, pues naciste en Bassra. ¡Oh hijo mío! Todo esto se debe a una divergencia que surgió hace muchos años entre, tu padre Nureddin y yo, que soy tu tío.”

Y el visir le contó toda la historia, y después le dijo: “¡Oh hijo mío! En cuanto a tu madre, la he traído de Bassra, y la vas a veir, lo mismo que a tu hijo Agib, fruto de tu pri­mera noche de bodas con tu prima” Y el visir corrió a llamarlos.

El primero en llegar' fue Agib, que esta vez se echó en brazos de su padre, y Badreddin, lleno de ale­gría, recitó estos versos:

¡Cuando te fuiste, me puse a llorar, y las lágrimas se desbordaban de mis párpados!


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