西语阅读:《一千零一夜》连载十一(3)

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Y e! visir y todos los demás no salían de su asombro, y se apresu­raron a rociar con agua de rosas la cara de la abuela, que al cabo de una hora pudo volver en sí. Y dijo: “¡Por Alah! ¡El autor de este plato de granada no puede ser más que mi hijo Hassán Badreddin y no otro alguno! ¡Estoy segura de ello! ¡Soy la única que sabe prepararlo de esta manera, y sólo se lo enseñé a mi hijo Hassán!”

Y ál oírla, el visir llegó al límite de la alegría y de la impaciencia, y exclamó: “¡Alah va a permitir por fin que nos reunamos!” En seguida llamó a sus servidores, y después de meditar unos momentos, concibió un plan, y les dijo: “Id veinte de vosotros inmediatamente a la paste­lería de ese Hassán, conocido en el zoco por Hassán Él-Bassrauí, y haced pedazos cuanto haya en la tienda. Amarrad al pastelero con la tela de su turbante y traédmelo aquí, pera sin hacerle daño alguno.”

Luego montó a caballo, y provista de las cartas oficiales, se fue a la casa del gobierno para ver al lugar­teniente que representaba en Damasco a su señor el sultán de Egipto. Y mostró las cartas del sultán al lugar­teniente gobernador; que se inclinó al leerlas, besándolas respetuosamen­te y poniéndoselas sobre la cabeza con veneración., Después, volviéndose al visir, le dijo: “Estoy a tus órde­nes. ¿De quién quieres apoderarte?” Y el visir le contestó: “Solamente de un pastelero del zoco.” Y el gobernador dijo: “Pues es muy fácil.” Y mandó a sus guardias que fuesen a prestar auxilio a los servidores del visir. Y después de despedirse del go­bernador, volvió el visir a sus tien­das.

Por su parte, Hassán Badreddin vio llegar gente armada con palos, piquetas y hachas, que invadieron súbitamente la pastelería, haciéndolo pedazos todo, tirando por los suelos los dulces y pasteles, y destruyendo, en fin, la tienda entera. Después, apoderándose del espantadísimo pos­telero, le ataron con la tela de su turbante; sin decir palabra. Y Hassán pensaba: “¡Por Alah! La causa de todo esto debe haber sido esa maldi­ta terrina. ¿Qué habrán encontrado en ella?”

Y acabaron por llevarle al cam­pamento, a presencia del visir. Y Hassán Badreddin, muy asustado, exclamó: “¡Señor! ¿Qué crimen he cometido?” Y el visir le dijo: “¿Eres tú quien ha preparado ese dulce de granada?” Y Hassán repuso: “¡Oh mi señor! ¿Has encontrado en él algo por lo cual deban cortarme la cabeza?” Y el visir replicó severa­mente.' “¿Cortarte la cabeza? Eso sería un castigo demasiado suave. Algo peor te ha de pasar, como irás viendo.”

Porque el visir había encargada a las dos damas que le dejasen obrar a su gusto, pues no quería darles cuenta de sus investigaciones hasta su llegada al Cairo.

Llamó, pues a sus esclavos, y les dijo: “Que se me presente uno de nuestros camelleros. Y traed un cajón grande de madera.” Y los esclavos obedecieron en seguida. Después, por orden del visir, se apoderaron del atemorizado Hassán y le hicieron entrar en el cajón, que cerraron cuidadosamente. En seguida lo car­garon en el camello, levantaron las tiendas, y la comitiva se puso en marcha. Y así caminaron hasta la noche. Entonces se detuvieron para comer, y a fin de que Hassán tam­bién comiese, le dejaron salir unos instantes, encerrándole después de nuevo. Y de este modo prosiguieron el viaje. De cuando en cuando se detenían, y se hacía salir a Hassán para encerrarle luego de ser sometido a un interrogatorio del visir, que le preguntaba cada vez: “¿Eres tú el que preparó el dulce de granada?” Y Hassán contestaba siempre: “¡Oh mi señor! Así es, en verdad.” Y el visir exclamaba: “¡Atad a ese hom­bre y encerradle en el cajón!”

Y de este modo llegaron al Cairo. Pera antes de entrar en la ciudad, el visir hizo que sacaran a Hassán del cajón y se lo presentasen. Y entonces dispuso: “¡Que venga en seguida un carpintero!” Y el carpin­tero compareció, y el visir le dijo: “Toma las medidas de alto y de ancho para construir una picota que le vaya bien a este hambre, y adáp­tala a un carretón, que arrastrará una pareja de búfalos.” Y Hassán, espantado, exclamó: “¡Señor! ¿Qué vas a hacer conmigo?” Y el visir dijo: “Clavarte en la picota y llevarte por la ciudad para que todos te vean.” Y Hassán repuso: “Pero ¿cuál es mi crimen, para que me castigues de ese modo?” Entonces el visir Chamseddin le dijo: “¡La negligen­cia con que preparaste el plato de granada! Le faltaban condimento y aroma.” Y al oirlo Hassán se aporreó con las manos la cabeza, y dijo: “¡Por Alah! ¡Todo eso es mi crimen! ¿Y no es otra la causa de este su­plicio del viaje, de que sólo me hayas dado de comer una vez al día, y pienses, por añadidura, cla­varme en la picota?” Y el visir res­pondió: “Ciertamente, esa es toda la causa; ¡por la falta de condimento!

Entonces Hassán llegó al límite del asombro, y levantando los brazos al cielo se puso a reflexionar pro­fundamente. Y el visir le dijo: “¿En qué piensas?” Y Hassán respondió: “¡Por Alah! Pienso en que hay mu­chos locos, en este mundo. Porque si tú no fueses el más loco de todos los locos, no me hubieras tratado así porque falte un poco de aroma en un plato de granada.” Y el visir dijo: “He de enseñarte a que no reincidas, y no veo otro medio.” Pero Hassán exclamó: “Pues tu ma­nera de proceder es un crimen mu­chísimo mayor que el mío, y debías empezar por castigarte!” Entonces el visir contestó: “¡No te preocupes! ¡La picota es lo que más te con­viene!”


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    本站小编 Free壹佰分学习网 2022-09-19