西语阅读:《一千零一夜》连载三十一(4)

网络资源 Freekaoyan.com/2008-04-17

Cuando Aladino oyó estas pala­bras del maghrebín, quiso inmedia­tamente complacerle, y después de besarle la mano se apresuró a co­rrer con alegría a su casa, a la cual llegó, al contrario que de costumbre, a una hora que no era la de comer, y exclamó al entrar: “¡Oh madre mía! ¡vengo a anunciarte que, tras larga ausencia en el extranjero, aca­ba de llegar de su viaje mi tío, y te transmite sus zalemas!” Y contestó la madre de Aladino, muy asombra­da de aquel lenguaje insólito y de aquella entrada inesperada: “¡Cual­quiera diría, hijo mío, que quieres burlarte de tu madre! Porque, ¿quién es ese tío de que me hablas? ¿Y de dónde y desde cuándo tienes un tío que esté vivo todavía?” Y dijo Ala­dino: “Cómo puedes decir ¡oh ma­dre mía! que no tengo tío ni parien­te que esté vivo aún, si el hombre en cuestión es hermano de mi difun­to padre? ¡Y la prueba está en que me estrechó contra su pecho y me besó llorando y me encargó que vi­niera a darte la noticia y a ponerte al corriente!” Y dijo la madre de Aladino: “Sí, hijo mío, ya sé que tenías un tío; pero hace largos años que murió. ¡Y no supe que desde entonces tuvieras nunca otro tío!” Y miro con ojos muy asombrados a su hijo Aladino, que ya se ocupaba de otra cosa. Y no le dijo nada más acerca del particular en aquel día. Y Aladmo, por su parte, no le habló de la dádiva del maghrebín.

Al día siguiente Aladino salió de casa a primera hora de la mañana; y el maghrebín, que ya andaba bus­cándole, le encontró en el mismo sitio que la víspera, dedicado a di­vertirse, como de costumbre, con los vagabundos de su edad. Y se acer­có inmediataniente a él, le cogió de la mano, lo estrechó contra su co­razón, y le besó con ternura. Luego sacó de su cinturón dos dinares y se los entregó diciéndo: “Ve a bus­car a tu madre y dile, dándole estos dos dinares: “¡Mi tío tiene intención de venir esta noche a cenar con nosotros, y por eso te envía este di­nero para que prepares manjares excelentes!” Luego añadió, inclinán­dose hacia él: “¡Y ahora, ya Aladi­no, enséñame por segunda vez el camino de tu casa!” Y contestó Ala­dino: “Por encima de mi cabeza y de mis ojos, ¡oh tio mío!” Y echó a andar delante y le enseñó el ca­mino de su casa. Y el maghrebín le dejó y se fue por su camino...

En este momento de su narración, Schahrazada vio aparecer la maña­na, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGO LA 733 NOCHE

Ella dijo:

... Y el maghrebín le dejó y se fue por su camino. Y Aladino entró en la casa contó a su madre lo ocu­rrido y le entregó los dos dinares, diciéndole: “¡Mi tío va a venir esta nohe a cenar con nosotros!”

Entonces, al ver los dos dinares, se dijo la madre de Aladino: “¡Qui­zá no conociera yo a todos los her­manos del difunto!” Y se levantó y a toda prisa fue al zoco, en donde compró las provisiones necesarias para una buena comida, y volvió pa­ra ponerse en seguida a preparar los manjares. Pero como la pobre no tenía utensilios de cocina, fue a pe­dir prestados a las vecinas las cace­rolas, platos y vajilla que necesitaba. Y estuvo cocinando todo el día; y al hacerse de noche, dijo a Aladino: “¡La comida está dispuesta, hijo rnío, y como tu tío acaso no sepa bien el camino de nuestra casa, debes sa­lirle al encuentro o esperarle en la calle!” Y Aladino contestó: “¡Escu­cho y obedezco!” Y cuando se dis­ponía a salir, llamaron a la puerta. Y corrió a abrir él. Era el maghrebín. E iba acompañado de un man­dadero que llevaba en la cabeza una carga de frutas, de pasteles y bebi­das. Y Aladino les introdujo a am­bos. Y el mandadero se marchó cuando dejó su carga y le pagaron. Y Aladino condujo al maghrebín, a la habitacion en que estaba su ma­dre. Y el maghrebín se inclinó y dijo con voz conmovida: “La paz sea contigo, ¡oh esposa de mi her­mano!” Y la madre de Aladino le devolvió la zalema: Entonces el maghrebín se echó a llorar en silen­cio. Luego preguntó: “¿Cuá es el sitio en que tenía costumbre de sentarse el difunto?” Y la madre de Aladino le mostró el sitio en cuestión; y al punto se arrojó al suelo el maghrebín y se puso a besar aquel lugar y a suspirar con lágrimas en los ojos y a decir: “¡Ah, qué suerte la mía! ¡Ah, qué misera­ble suerte fue haberte perdido, ¡oh hermano mío! ¡oh estría de mis ojos!” Y continuó llorando y lamen­tándose de aquella manera, y con una cara tan transformada y tanta alteración de entrañas, que estuvo a punto de desmayarse, y la madre de Aladino no dudó ni por un instante de que fuese el propio hermano de su difunto marido. Y se acercó a él, le levantó del suelo, y le dijo: “¡Oh hermano de mi esposo! ¡vas a ma­tarte en balde a fuerza de llorar! ¡Ay, lo que está escrito debe ocu­rrir!” Y siguió consolándole con buenas palabras hasta que le decidió a beber un poco de agua para cal­marse y sentarse a comer.

Cuando estuvo puesto el mantel, el maghrebín comenzó a hablar con la madre de Aladino. Y le contó lo que tenía que contarle, diciéndole:

“¡Oh mujer de mi hermano! no te parezca extraordinario el no ha­ber tenido todavía ocasión de verme y el no haberme conocido en vida de mi difunto hermano porque ha­ce treinta años que abandoné este país y partí para el extranjero, re­nunciando a mi patria. Y desde en­tonces no he cesado de viajar por las comarcas de la India y del Sindh, y de recorrer el país de los árabes y las tierras de otras naciones. Y también estuve en Egipto y habité la magnífica ciudad de Masr, que es el milagro del mundo! Y tras de residir allá mucho tiempo, partí para el país de Maghreb central, en donde acabé por fijar mi residencia du­rante veinte años.

“Por aquel entonces, ¡oh mujer de mi hermano! un día entre los días, estando en mi casa, me puse a pen­sar en mi tierra natal y en mi her­mano. Y se me exacerbó el deseo de volver a ver mi sangre; y me eché a llorar y empecé a lamentarme de mi estancia en país extranjero. Y al fin se hicieron tan intensas las nostalgias de mi separación y de mi alejamiento del ser que me era caro, que me decidí a emprender el viaje a la comarca que vio surgir mi cabeza de recién nacido. Y pen­sé para mi ánima: “¡Oh hombre! ¡cuántos años van transcurridos des­de el día en que abandonaste tu ciu­dad y tu país y la morada del único hermano que posees en el mundo! ¡Levántate, pues, y parte a verle de nuevo antes de la muerte! Porque, ¿quién sabe las calamidades del Des­tino, los accidentes de los días y las revoluciones del tiempo? ¿Y no se­ría una suprema desdicha que mu­rieras antes de regocijarte los ojos con la contemplación de tú herma­no, sobre todo ahora que Alah, (¡glo­rificado sea!) te ha dado la riqueza, y tu hermano acaso siga en una condición de estrecha pobreza? ¡No olvides, por tanto, que con partir verificarás dos acciones, excelentes: volver a ver a tu hermano y soco­rrerle!

“Y he aquí que, dominado por estos pensamientos, ¡oh mujer de- mi hermano! me levanté al punto y me preparé para la marcha. Y tras de recitar la plegaria del viernes y la Fatiha del Corán, monté a caballo y me encaminé a mi patria. Y des­pués de muchos peligros y de las prolongadas fatigas del camino, con ayuda de Alah (¡glorificado y ve­nerado sea!) acabé por llegar con bién a mi ciudad, que es ésta. Y me puse inmediatamente a recorrer calles y barrios en busca de la casa de mi hermano. Y Alah permitió que entonces encontrase a este niño ju­gando con sus camaradas. ¡Y Por Alah el Todopodereso, ¡oh mujer de mi hermano! que apenas le vi, sentí que mi corazón se derretía de emo­cion por él; y como la sangre reco­nocía a la sangre, no vacilé en su­poner en él al hijo de mi hermano! Y en aquel mismo momento Olvidé mis fatigas y mis preocupaciones, y creí enloquecer de alegría. Pe­ro ¡ay! que no tardó en saber, por boca de este niño, que mi her­mano había fallecido en la misericordia de Alah el Altísimo! ¡Ah! ¡terrible noticia que me hace caer de bruces, abrumado de emoción y de dolor! Pero ¡oh mujer de mi hermano! ya te contaría el niño pro­bablemente que, con su aspecto y su semejanza con el difunto, ha logrado consólarme un poco, hacién­dome recordar el proverbio que di­ce: “¡El hombre que deja posteri­dad, no muere!”


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    本站小编 Free壹佰分学习网 2022-09-19