¡Se ha cumplido nuestro destino; hemos seguido con toda fidelidad los renglones escritos por
Y el saaluk prosiguió de este modo
Cuando dejé tuerto al visir, no se atrevió a reclamar en contra mía, porque mi padre era el rey del país. Pero esta era la causa de su odio.
Y cuando me presentaron a él, con los brazos atados, dispuso que me cortaran la cabeza. Entonces le dije: ¿Por qué me matas si no he cometido ningún crimen?” Y contestó: “¿Qué mayor crimen que éste?” Y señalaba su ojo huero. Y yo dije: “Eso lo hice contra mi voluntad.” Pero él replicó: “Si lo hiciste contra tu voluntad, yo voy a hacerlo con toda la mía.” Y dispuso: “¡Traedlo a mis manos!” Y me llevaron entre sus manos.
Entonces extendió la mano, clavó su dedo en mi ojo izquierdo, y lo hundió completamente.
¡Y desde entonces estoy tuerto, como todos veis!
Hecho esto, ordenó que me matasen y me metiesen en un cajón. Después llamó al verdugo, y le dijo: “Te lo entrego. Desenvaina tu alfanje y lleva a este hombre fuera de la ciudad; lo matas y le dejas allí para que se lo coman las fieras.”
Entonces el verdugo me llevó fuera de la ciudad. Y me sacó de la caja con las manos atadas y los pies encadenados, y me quiso vendar los ojos antes de matarme. Pero entonces rompí a llorar y recité estas estrofas:
¡Te elegí como firme coraza para librarme de mis enemigos, y eres la lanza y el agudo hierro con que me atraviesan!
¡Cuando disponía del poder, mi mano derecha, la que debía castigar, se abstenía, pasando el arma a mi mano izquierda, que no la sabía esgrimir! ¡Así obraba yo!
¡No insistáis, os lo ruego, en vuestros reproches crueles; dejad que sólo los enemigos me arrojen las flechas dolorosas!
¡Conceded a mi pobre alma, torturada por los enemigos, el don del silencio; no la oprimáis más con la dureza y el peso de vuestras palabras!
¡Confié en mis amigos para que me sirviesen de sólidas corazas; y así lo hicieron, pero en manos de los enemigos y contra mí!
¡Los elegí para que me sirviesen de flechas mortales; y lo fueron, pero contra mi corazón!
¡Cultivé sus corazones para hacerlos, fieles; y fueron fieles, pero a otros amores!
¡Los cuidé fervorosamente para que fuesen constantes; y lo fueron, pero en la traición!
Cuando el verdugo oyó éstos versos, recordó que había servido a mi padre y que yo le había colmado de beneficios, y me dijo: “¿Cómo iba yo a matarte, si soy tu esclavo?” Y añadió: “Escápate. ¡Te salvo la vida! Pero no vuelvas a esta comarca, porque perecerías y me harías perecer contigo, según dice el poeta:
¡Anda! ¡Libértate, amigo, y salva a tu alma de la tiranía! ¡Deja que las casas sirvan de tumba a quienes las han construido!
¡Anda! ¡Podrás encontrar otras tierras que las tuyas, otros países distintos de tu país, pero nunca hallarás mas alma que tu alma!
¡Piensa que es muy insensato vivir en un país de humillaciones, cuando la tierra de Alah es ancha hasta lo infinito!
¡Sin embargo... está escrito! ¡Está escrito que el hombre destinado a morir en un país no podrá morir más que en el país de su destino! Pero, ¿sabes tú cuál es el país de, tu destino?...
¡Y sobre todo, no olvides nunca que el cuello del león no llega a su desarrollo hasta que su alma se ha desarrollado, con toda libertad!
Cuando acabó de recitar estos versos le besé las manos, y mientras no me vi muy lejos de aquellos lugares no pude creer en mi salvación.
Pensando que había salvado la vida, pude consolarme de haber perdido un ojo, y seguí caminando, hasta llegar a la ciudad de mi tío. Entré en su palacio y le referí todo lo que le había ocurrido a mi padre y todo lo qué me había ocurrido o mí. Entonces derramó muchas lágrimas, y exclamó “¡Oh sobrino mío! vienes a añadir una aflicción a mis aflicciones y un dolor a mis dolores. Porque has de saber que el hijo de tu pobre tío ha desaparecido hace muchos días, y nadie sabe dónde está.” Y rompió a llorar tanto, que se desmayó. Cazando volvió en sí, me dijo: “Estaba afligidísimo por tu primo, y ahora se.aumenta mi dolor con lo ocurrido a ti y a tu padre. En cuanto a ti, ¡oh hijo mío! más vale haber perdido un ojo que la vida.”
