西语阅读:《一千零一夜》连载四(11)

网络资源 Freekaoyan.com/2008-04-17

Tal es la causa de que me veáis afeitado y tenga un ojo saltado.” Cuando hubo acabado de hablar, le dijo la mayor de las tres donce­llas: “Está bien; acaríciate la cabeza y vete.”

Pero el primer saaluk contestó: “No me iré hasta que haya oído los relatos de los demás.”

Y todos estaban maravillados de aquella historia tan prodigiosa, y el califa dijo al visar: “En mí vida he oído aventura semejante a la de este saaluk.”

Entonces el primer saaluk fue a sentarse en el suelo, con las piernas cruzadas, y el otro dio un paso, besó la tierra entre las manos de la joven, y refirió lo que sigue:

HISTORIA DEL SEGUNDO SAALUK

“La verdad es, ¡oh señora mía! que yo no nací tuerto. Pero la his­toria que voy a contarte es tan asom­brosa, que si se escribiese con la aguja en el ángulos interior del ojo, serviría de lección a quien fuese, capaz de instruirse.

Aquí donde me ves, soy rey, hijo de un rey. También sabrás que no soy ningún ignorante. He leído el Corán, las siete narraciones, los libros capitales, los libros esenciales de los maestros de la ciencia. Y aprendí también la ciencia de los astros y las palabras de los poetas. Y de tal modo me entregué al estudio de todas las ciencias, que pude superar a todos los vivientes de mi siglo.

Además, mi nombre sobresalió entre todos los escritores. Mi fama se extendió por el mundo, y todos los reyes supieron mi valía. Fue entonces cuando oyó hablar de ella el rey de la India, mandó un men­saje a mi padre rogándole que me enviara a su corte, y acompañó a este mensaje espléndidos regalos, dig­nos de un rey. Mi padre consintió, hizo preparar seis naves, llenas de todas las cosas, y partí con mi servi­dumbre.

Nuestra travesía duró todo un mes. Al llegar a tierra desembarcamos los caballos y los camellos, y cargamos diez de éstos con los presentes desti­nadas al rey de la India. Pero apenas nos habíamos puesto en marcha, se levantó una nube de polvo; que cubría todas las regiones del cielo y de la tierra; y así duró una hora. Se disipó después, y salieron de ella hasta sesenta jinetes que parecían leones enfurecidos. Eran árabes del desierto, salteadores de caravanas, y cuando intentamos huir, corrieron a rienda suelta detrás de nosotros y no tardaron en darnos alcance. En­tonces, haciéndoles señas con las manos, les dijimos: “No nos hagáis daño, pues somos una embajada que lleva estos presentes al poderoso rey de la India.” Y contestaron ellos: “No estamos en sus dominios ni dependemos de ese rey.” Y en seguida mataron a varios de mis ser­vidores, mientras que huíamos los demás. Yo había recibido una herida enorme, pero, afortunadamente, los árabes sólo se cuidaron de apoderarse de las riquezas que llevaban los ca­mellos.

No sabía yo dónde estaba ni qué había de hacer, pues me afligía pensar que poco antes era muy poderoso y ahora me veía en la pobreza y en la miseria. Seguí huyendo, hasta encontrarme en la cima de una mon­taña, donde había una gruta, y allí al fin pude descansar y pasar la noche.

A la mañana siguiente salí de la gruta, proseguí mi camino, y así llegué a una ciudad espléndida, de clima tan maravilloso, que el invier­no nunca la visitó y la primavera la cubría constantemente con sus rosas.

Me alegré mucho al entrar en aquella ciudad, donde encontraría, segura­mente, descanso a mis fatigas y so­siego a mis inquietudes.

No sabía a quién dirigirme, pero al pasar junto a la tienda de un sastre que estaba allí cosiendo, le deseé la paz, y el buen hombre, después de devolverme el saludo, me invitó cordialmente a sentarme, y lleno de bondad me interrogó acer­ca de los motivos que me habían alejado de mi país. Le referí en­tonces cuanto me había ocurrido, desde el principio hasta el fin, y el sastre me compadeció mucho y me dijo: “¡Oh tierno joven, no cuentes eso a nadie! Teme al rey de esta ciudad, que es el mayor enemigo de los tuyos y quiere vengarse de tu padre desde hace muchos años.”

Después me dio de comer y beber, y comimos y bebimos en la mejor compañía. Y pasamos parte de la noche conversando, y luego me cedió un rincón de la tienda para que pudiese dormir, y me trajo un col­chón y una manta, cuanto podía necesitar.

Así permanecí en su tienda tres días, y transcurridos que fueron, me preguntó: “¿Sabes algún oficio para ganarte la vida?” Y yo contesté: ¡Ya lo creo! Soy un gran juriscon­sulto, un maestro reconocido en cien­cías, y además sé leer y contar,” Pero él replicó. “Hijo mío, nada de eso es oficio. Es decir, no digo que no sea oficio -pues me vio muy afli­gido-, pero no encontrarás parro­quianos en nuestra ciudad. Aquí nadie sabe estudiar, ni leer, ni escribir, ni contar. No saben más que ganarse la vida.” Entonces me puse muy triste y comencé a lamentarme: “¡Por Alah! Sólo sé hacer lo que acabo de decirte.” Y el me dijo:

¡Vamos, hijo mío, no hay que afli­girse de ese modo! Coge una cuerda y un hacha y trabaja de leñador hasta que Alah te depare mejor suerte. Pero sobre todo, oculta tu verdadera condición, pues te mata­rían.” Y fue a comprarme el hacha y la cuerda, y me mandó con los leñadores, después de recomendarme a ellos.

Marché entonces con los leñado­res, y terminado mi trabajo, me eché al hombro una carga de leña, la llevé a la ciudad y la vendí por medio dinar. Compré con unos pocos cuar­tos mi comida, guarde cuidadosamente el resto de las monedas, y durante un año seguí trabajando de este modo. Todos los días iba a la tienda del sastre, donde descansaba unas horas sentado en el suelo con las piernas cruzadas.


相关话题/

  • 领限时大额优惠券,享本站正版考研考试资料!
    大额优惠券
    优惠券领取后72小时内有效,10万种最新考研考试考证类电子打印资料任你选。涵盖全国500余所院校考研专业课、200多种职业资格考试、1100多种经典教材,产品类型包含电子书、题库、全套资料以及视频,无论您是考研复习、考证刷题,还是考前冲刺等,不同类型的产品可满足您学习上的不同需求。 ...
    本站小编 Free壹佰分学习网 2022-09-19