西语阅读:《一千零一夜》连载五(7)

网络资源 Freekaoyan.com/2008-04-17

¡Es el mismo Zohal, que dio a este astro la negra cabellera destrenzada, semejante a un cometa!

¡En cuanto al carmesí de sus mejillas, Mirrikh fue el encargado de extenderlo! ¡Los rayos penetrantes de sus ojos son las flechas mismas del Arquero de las siete estrellas!

¡Y Hutared le otorgó su maravillosa sagacidad y Abylssuha su valor de oro!

¡Y el astrólogo no supo qué pensar al verle, y se quedó perplejo! ¡Enton­ces, inclinándose hacia él sonrió el astro!

Al mirarle, experimentaba una profunda turbación de mis sentidos, lamentando no haberle conocido an­tes, y en mi corazón se encendían como ascuas. Y le dije: “¡Oh dueño y soberano mío, atiende a mi pre­gunta!” Y él me contestó:. “Escucho y obedezco.” Y me contó lo siguiente:

“Sabe, ¡oh mi honorable señora! que esta ciudad era de mi padre. Y la habitaban todos sus parientes y súbditos. Mi padre es el rey, que habrás visto en su trono, transfor­mado en estatua de piedra. Y la reina, que también habrás visto, es mi madre. Ambos profesaban la reli­gión de los magos adoradores del terrible Nardún. Juraban por el fuego y la luz, por la sombra y el calor, y por los astros que giran.

Mi padre estuvo mucho tiempo sin hijos. Yo nací a fines de su vida, cuando transpuso ya el umbral de la vejez. Y fui criado por él con mucho esmero, y cuando fui creciendo se me eligió para la verdadera felicidad.

Había en nuestro palacio una anciana musulmana, que creía en Alah y en su Enviado; pero oculta­ba sus creencias y aparentaba estar conforme con las de mis padres. Mi padre tenía en ella gran confianza, y muy generosa con ella, la colmaba de su generosidad, creyendo que compartía su fe y su religión. Me confió a ella, y le dijo: “Encárgate de su cuidado; enséñale las leyes de nuestra religión del Fuego y dale una educación- excelente, atendién­dole en todo.”

Y la vieja se encargó de mí; pero me enseñó la religión del Islam, des­de los deberes de la purificación y de las abluciones, hasta las santas fórmulas de la plegaria. Y me ense­ñó y explicó el Corán en la lengua del Profeta. Y cuando, hubo termi­nado de instruirme, me dijo: “¡Oh hijo mío! Tienes que ocultar estas creencias a tu padre, profesándolas en secreto, porque si no, te mata­ría.”­

Callé, en efecto; y no hacía mucho que había terminado mi instrucción, cuando falleció la santa anciana, repitiéndome su recomendación por última vez. Y seguí en secreto siendo un creyente de Alah y de su Profeta. Pero los habitantes de esta ciudad, obcecados por su rebelión y su cegue­ra, persistían en la incredulidad. Y un día la voz de un muecín, invi­sible retumbó como el trueno, lle­gando a los oídos más distantes:

¡Oh vosotros los que habitáis esta ciudad! ¡Renunciad a la ado­ración del fuego y de Nardún, y adorad al Rey único y Poderoso!”

Al oír aquello se sobrecogieron todos y acudieron al palacio del rey, exclamando: “¿Qué voz aterradora es esa que hemos oído? ¡Su amenaza nos asusta!” Pero el rey les dijo: “No os aterréis y seguid firmemente vuestras antiguas creencias.”

Entonces sus corazones se inclina­ron a las palabras de mi padre, y no dejaron de profesar la adoración del fuego. Y siguieron en su error, hasta que llegó el aniversario del día en que habían oído la voz por pri­mera vez. Y la voz se hizo oír por segunda vez, y luego por tercera vez, durante tres años seguidos. Pero a pesar de ello, no cesaron en su extravío. Y una mañana, cuando apuntaba el día, la desdicha y la mal­dición cayeron del cielo y los convir­tió en estatuas de piedra negra, co­rriendo la misma suerte sus caballos y sus mulos, sus camellos y sus ganados. Y de todos los habitantes fuí el único que se salvó de esta desgracia. Porque era el único cre­yente.

Desde aquel día me consagro a la oración, al ayuno y a la lectura del Corán.

Pero he de confesarte, ¡oh mi honorable dama llena de perfeccio­nes! que ya estoy cansado de esta soledad en que me encuentro, y quisiera tener junta a mí a alguien que me acompañase.” Entonces le dije:

“¡Oh joven dotado de cualidades! ¿Por qué no vienes conmigo a la ciudad de Bagdad? Allí encontrarás sabios y venerables jeiques versados en las leyes y en la religión. En su compañía aumentarás tu ciencia y tus conocimientos de derecho divino, y yo, a pesar de mi rango, será tú esclava y tu cosa. Poseo numerosa servidumbre, y mía es la nave que hay ahora en el puerto abarrotada de mercancías. El Destino nos arrojó a estas costas para que conociése­mos la población y ocasionarnos la presente aventura. La suerte, pues, quiso reunirnos.”


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    本站小编 Free壹佰分学习网 2022-09-19