西语阅读:《一千零一夜》连载五(12)

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Entonces ordenó algo a los negros, e inmediatamente me quitaron la ropa, dejándome toda desnuda. Y él con una rama de membrillero me fustigó toda, con preferencia el pecho, la espalda y las caderas, tan recia y furiosamente, que hube de desmayarme, perdida ya toda espe­ranza de sobrevivir a tales golpes. Entonces cesó de pegarme, y se fue, dejándome tendida en el suelo, man­dando a los esclavos que me aban­donasen en aquel estado hasta la noche, para transportarme después a mi antigua casa, a favor de la obs­curidad. Y los esclavos lo hicieron así, llevándome a mi antigua casa, como les había ordenado su amo.

Al volver en mí, estuve mucho tiempo sin poder moverme, a causa de la paliza; luego me aplicaron varios medicamentos, y poco a poco acabé por curar; pero las cicatrices de los golpes no se borraron de mis miembros ni de mis carnes, como azotadas por correas y látigos. ¡To­dos habéis visto sus huellas!

Cuando hube curado, después de cuatro meses de tratamiento, quise ver el palacio en que fue víctima, de tanta violencia; pero se hallaba completamente derruido, lo mismo que la calle donde estuvo, desde uno hasta el otro extremo. Y en el lugar de todas aquéllas maravillas no había más que montones de basura acumu­lados por las barreduras de la ciu­dad. Y a pesar de todas mis tenta­tivas, no conseguí noticias de mi esposo.

Entonces regresé al lado de Fahi­ma que seguía soltera, y ambas fuimos a visitar a Zobeida, nuestra hermanastra, que te ha contado su historia y la de sus hermanas conver­tidas en perras. Y ella me contó su historia y yo le conté la mía, después de los acostumbrados saludos. Y mi hermana Zobeida me dijo: “¡Oh her­mana mía! nadie está libre de las desgracias de la suerte. ¡Pero gracias a Alah, ambas vivimos aún! ¡Per~ manezeamos juntas desde ahora! ¡Y sobre toda que no se pronuncie siquiera la palabra matrimonio!”

Y nuestra hermana Fahima vive con nosotras. Tiene el cargo de pro­veedora, y baja al zoco todos, los días para comprar cuanto necesita­mos; yo tengo la misión de abrir la puerta a los que llaman y de recibir a nuestros convidados, y Zobeida, nuestra hermana mayor, corre con el peso de la casa.

Y así hemos vivido muy a gusto, sin hombres, hasta que Fahima nos trajo al mandadero cargado con una gran cantidad de cosas, y le invita­mos a descansar en casa un momen­to. Y entonces entraron los tres saalik, que nos contaron sus histo­rías, y en seguida vosotros, vestidos de mercaderes. Ya sabes, pues, lo que ocurrió y cómo nos han traído a tu poder, ¡oh príncipe de los Cre­yentes!

¡Esta es mi historia!”

Entonces el califa quedó profun­damente maravillado, y...

En este momento de su narración, Schabrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ LA 18a. NOCHE

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afor­ttmado! que el califa Harún Al­-Rachid quedó maravilladísimo al oír las historias de las dos jóvenes Zobei­da y Amina, que estaban ante él con su hermana Fahima, las dos perras negras y los tres saalik, y dispuso que ambas historias, así como las de los tres saalik, fuesen escritas por los escribas de palacio con buena y esmerada letra, para conservar los manuscritos en sus archivos.

En seguida dijo a la joven Zobei­da: “Y después, ¡oh mi noble seño­ra! ¿no has vuelto a saber nada de la efrita que encantó a tus hermanas bajo la forma de estas dos perras?” Y Zobeida repuso: “Podría saberlo, ¡oh Emir de los Creyentes! pues me entregó un mechón de sus cabellos, y me dijo: “Cuando me necesites, quema un cabello de estos y me presentaré, por muy lejos que me halle, aunque estuviese detrás del Cáucaso.” Entonces el califa le dijo: “¡Dame uno de esos cabellos!” Y Zobeida le entregó el mechón, y el califa cogió un cabello y lo quemó. Y apenas hubo de notarse el olor a pelo chamuscado, se estremeció todo el palacio con una violenta sacudi­da, y la efrita surgió de pronto en forma de mujer ricamente vestida. Y como era musulmana, no dejó de decir al califa: “La paz sea contigo, ¡oh Vicario de Alah!” Y el califa le contestó: “¡Y desciendan sobre ti la paz, la misericordia de Alah, y sus bendiciones!” Entonces ella le dijo: “Sabe, ¡oh Príncipe de los Cre­yentes! que esta joven, que me ha llamado por deseo tuyo, me hizo un gran favor, y la semilla que en mí sembró siempre germinara, porque jamas he de agradecerla bastante los beneficios que la debo. A sus herma­nas las convertí en perras, y no las maté para no ocasionarla a ella mayor sentimiento. Ahora, si tú, ¡oh Príncipe de los Creyentes! deseas que las desencante, lo haré por con­síderación a ambos, pues no has de olvidar que soy musulmana.” Enton­ces el califa dijo: “En verdad que deseo las libertes, y, luego estudiare­mas el caso de la joven azotada, y si compruebo la certeza de su narra­ción, tomaré su defensa y la vengaré de quien la ha castigado con tanta injusticia.” Entonces la efrita dijo: ¡Oh Emir de los Creyentes! dentro de un instante te indicaré quién trató así a la joven Amina, quedándose con sus riquezas. Pero sabe que es el más cercano a ti entre los huma­nos.”

Y la efrita cogió una vasija de agua, e hizo sobre ella sus conjuros, rociando después a las dos perras, y diciéndoles: “¡Recobrad inmediata­mente vuestra primitiva forma huma­na!” Y al momento se transformaron las dos perras en dos jóvenes tan hermosas; que honraban a quien las creo.

Luego, la efríta, volviéndose hacia el califa, le dijo: “El autor de los malos tratos contra la joven Amina es tu propio hijo El-Amín.” Y le refirió la historia, en cuya veracidad creyó el califa por venir de labios de una segunda persona, no humana, sino efrita.

Y el califa se quedó muy asom­brado, pero dijo: “¡Loor a Alah porque intervine en el desencanto de las dos perras!” Después mandó llamar a su hijo El-Amín; le pidió explicaciones, y El-Amín respondió con la verdad. Y entonces el califa ordenó que se reuniesen los kadíes y testigos en la misma sala en don­de estaban los tres saalik, hijos de reyes, y las tres jóvenes, con sus dos hermanas desencantadas recien­temente.

Y con auxilio de kadies y testigos, casó de nuevo a su hijo El-Amín con la joven Amina; a Zobeida con el primer saalik, hijo de rey; a las otras dos jóvenes con los otros dos saalik, hijos de reyes; y por últirno mandó extender su propio contrato de casamiento con la más joven de las cinco hermanas, la virgen Fahi­ma, .¡la proveedora agradable y dulce!

Y mandó edificar un palacio para cada pareja, enriqueciéndoles para que pudieran vivir felices.

“Pero -dijo Schaharazada diri­giéndose al rey Schahriar- no creas, ¡oh rey afortunado! que esta historia sea más prodigiosa que la que ahora sigue.”

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    本站小编 Free壹佰分学习网 2022-09-19