Cuando Ghanem hubo oído la historio de Kuat Al-Kulub, y supo que era favorita y propiedad del Emir de los Creyentes, retrocedió hasta el fondo de la sala y ya no se atrevió a levantar sus miradas hacia la joven, pues se había convertido para él en cosa. sagrada. Y así fue a sentarse en un rincón y comenzó a reconvenirse, pensando cuán poco le había faltado para ser un criminal y lo audaz que había sida sólo con tocar la piel de Kuat. Y comprendió lo imposible de su amor, y cuán desgraciado era. Y acusó al Destino por los golpes tan injustos que le reservaba. Pero no dejó de someterse a los designios de Alah, y dijo: '¡Glorificado sea Aquel que tiene razones para herir con el dolor el corazón de los buenos y apartar la aflicción del corazón de las viles!” Y después recitó estos versos del poeta:
¡El corazón enamorado no disfrutará la alegría del reposo miernras lo posea el amor!
¡El enamorado no tendrá segura su razón mientras viva la belleza en la mujer!
Me han preguntado: “¿Qué es el amor?” Y yo he dicho: “¡El amor es un dulce de sabroso jugo, pero de pasta amarga!”
Entonces la joven se acerco a Ghanem, le estrechó contra su seno, le besó, procuró consolarle. Pero Ghanem ya no se atrevía a corresponder a las caricias de la favorita del Emir. Se sometía a lo que ella le hiciese, pero sin devolver beso por beso ni abrazo por abrazo.Y así les sorprendió la mañana. Ghaneni se apresuró a marchar al zoco, para comprar las provisiones del día. Y permaneció allí una hora comprando mejores cosas que los demás días, por haberse enterado del rango de su invitada. Compró todas las flores del mercado, los mejores carneros, los pasteles más frescos, los dulces más finos, los panes más dorados, las cremas más exquisitas y las frutas más sabrosas, y todo lo llevó a la casa y se lo presentó, a Kuat Al-Kulub. Pero apenas le vio, corrió a él la joven, le miró con ojos negros de pasión y húmedos de ansiedad, y le sonrió insinuante, diciéndole: “¡Cuánto has tardado, querido mío, deseado de mi corazón! ¡Por Alah! La hora de tu ausencia me ha parecido un año. Mi pasión ha llegado a su límite, y me consume toda. ¡Oh Ghanem! ¡Me muero!” Pero Ghanen se resistió, y le dijo: “Alah me libre, mi buena señora! ¿Cómo el perro ha de usurpar, el sitio del león? ¡Lo que es del amo no puede pertenecer al esclavo!” Y se escapó de entre las manos de la joven, y se acurrucó en un rincón, muy triste y preocupado. Pero ella fue a cogerle de la mano, y le llevó a la alfombra, obligándole a sentarse a su lado y a comer y a beber con ella. Y tanto le dio de beber que le embriago. Luego copió el laud, y cantó estas estrofas:
¡Mi corazón está destrozado, hecho trizas! ¡Rechazada en mi amor, ¿podré vivir así mucho tiempo!?
¡Oh tú, amigo mío, que huyes como la gacela , sin que yo sepa la causa ni haya cometido delito!' ¿Ignoras que la gacela se vuelve algunas veces para mirar?
¡Ausencia! ¡Separación! ¡Todo se ha juntado contra mí! ¿Podrá soportar mucho tiempo mi corazón la pemdúmbre de tanto infortunio?
Al oír estos versos, se despertó Ghanem y lloró muy conmovido, y ella también lloró al verle llorar, pero no tardaron en ponerse a beber de nuevo, y estuvieron recitando poesías hasta la noche:
Y Ghaneni fue a sacar los colchones de las alacenas de la pared, y se dispuso, a hacer la cama. Pero en vez de hacer una, como las demás noches, cuidó de hacer dos distante una de otra: Y Kuat Al-Kulub, muy contrariada, le dijo: “¿Para quién es ese segundo lecho?” Y él contestó: “Uno es para mí, y otro para ti, y desde esta noche hemos de dormir de esta manera, pues lo que es del amo no puede pertenecer al esclavo, ¡oh Kuat Al-Kulub!” Pero ella replicó: “Amor mío, desprecia esa moral atrasada. Disfrutemos del placer que pasa junto a nosotros y que mañana estará ya lejos. Todo lo que ha de suceder sucederá, pues cuanto escribió el Destino tiene que cumplirse.” Pero Ghanem no quiso someterse, y Kuat Al-Kulub sintió que aumentaba su pasión, más ardiente, Pero Ghanem insistía: “Lo que es del amo no puede pertenecer al esclavo:”
