西语阅读:《一千零一夜》连载三十八(6)

网络资源 Freekaoyan.com/2008-04-17

Cuando Morgana llegó ante su dueño, se inclinó graciosamente y sin darle tiempo a recuperarse de la sorpresa que le había producido aquella entrada inesperada, se vol­vió hacia el joven Abdalá y le hi­zo una ligera seña. Súbitamente, el redoble del tambor se aceleró Morgana bailó ágil como un pa­jaro, todos los pasos imaginables, dibujando todas las figuras, como lo hubiese hecha en el palacio de los reyes una danzarina de profe­sión. Danzó como sólo pudo ha­cerlo ante Seúl, sombrío y triste, Da­vid, el pastor. Bailó la danza de los velos, la del pañuelo, la del bastón, las danzas de los judíos, de los grie­gos, de los etíopes, de los persas y de los beduinos, con una ligereza tan maravillosa que, ciertamente, sólo Balkin, la amante reina de Solimán, hubiese podido hacerlo igual.

Terminó de bailar sólo cuando el corazón de su dueño, el hijo de su dueño y el del mercader invitado de su amo cesaron de latir y la con­templaron con ojos arrobados. En­tonces, comenzó la danza del puñal; en efecto, sacando de improviso el puñal de su funda de plata, ondu­lante por su gracia y actitudes, dan­zó al ritmo acelerado del tambor, con el puñal amenazador, flexible, ardiente, salvaje y como sostenida por alas invisibles.

La punta del arma tan pronto se dirigía contra algún enemigo invisible como hacia los bellos senos de la exaltada adolescente. En aquellos momentos, la concurrencia profería un grito de alarma, tan próximo pa­recía estar el corazón, de la danza­rina de la punta mortífera del arma, pero poco a poco el ritmo del tambor se hizo más lento y le atenuó su re­doble hasta el silencio completo, y Morgana cesó de bailar.

La joven se volvió hacia el es­clavo Abdalá, quien a una nueva señá, le arrojó el tambor que ella atrapó al vuelo, y se sirvió de él para tenderlo a los tres espectado­res, según la costumbre de las bai­larinas, solicitando su dádiva. Alí Babá, aunque molesto en un princi­pio por la inesperada entrada de su esclava, pronto se dejó ganar por tanto encanto y arte y arrojó un di­nar de oro en el tambor. Morgana se lo agradeció con una profunda re­verencia y una sonrisa y tendió el tambor al hijo de Alí Babá, que no fue menos generoso que su padre. Llevando siempre el tambor en la mano izquierda, lo presentó al hués­ped a quien no le gustaba la sal. Hussein tiró de su bolsa y se dispo­nía a sacar algún dinero para aque­lla bailarina codiciable, cuando de súbito Morgana, que había retroce­dido dos pasos, se abalanzó contra él como un gato salvaje y le clavó en el corazón el puñal que blandía en la diestra. Hussein con los ojos fuera de las órbitas, medio exhaló un suspiro, y, cayendo de bruces sobre el tipaz, dejó de existir. Alí Babá y su hijo, en el colmo del espanto y de la indignación, se lan­zaron hacia Morgana, que tembloro­sa por la emoción, limpiaba su pu­ñal en el velo de seda y como la creyesen víctima del delirio y de la locura, la asieron de las manos para quitarle el arma, pero ella con voz tranquila, les dijo: “¡Oh amos míos! ¡Alabemos a Alah que ha dirigido el brazo de una débil joven, para así castigar al jefe de vuestros enemi­gos! ¡Ved si este muerto no es el mercader de aceite, el capitán de los ladrones, el hombre que no quiso probar la sal de la hospitalidad!”

Mientras hablaba, despojó de su manto al cuerpo caído, y mostró ba­jo sus largas barbas, al enemigo que había jurado su destrucción. Cuan­do Alí Babá reconoció en el cuerpo inanimado de Hussein al mercader de aceite dueño de las tinajas y jefe de los bandidos, comprendió que por segunda vez debía su vida y la de su familia a la adhesión atenta y al coraje de la joven Morgana, por lo que abrazándola, con lágrimas en los ojos; le dijo: “¡Oh Morgana, hi­ja mía! Para que mi dicha sea com­pleta, ¿quieres entrar definitivamente en mi familia como esposa de mi hijo, ese bello joven que aquí está con nosotros?” Morgana besó la ma­no de Alí Babá y respondió: “Aca­to y obedezco.”

El matrimonio de Morgana con el hijo de Alí Babá se celebró sin tardanza ante el kadí y los testigos, en medio de gran alegría y rego­cijo. El cuerpo del jefe de los han­didos, ¡que, él sea maldito!, se en­terró en secreto en la fosa común que había servido de sepultura a sus antiguos compañeros.

En este momento, Schahrazada vio que amanecía y, discreta, se calló.


相关话题/

  • 领限时大额优惠券,享本站正版考研考试资料!
    大额优惠券
    优惠券领取后72小时内有效,10万种最新考研考试考证类电子打印资料任你选。涵盖全国500余所院校考研专业课、200多种职业资格考试、1100多种经典教材,产品类型包含电子书、题库、全套资料以及视频,无论您是考研复习、考证刷题,还是考前冲刺等,不同类型的产品可满足您学习上的不同需求。 ...
    本站小编 Free壹佰分学习网 2022-09-19